jueves, 12 de abril de 2007

viviendo de prisa....como dice alejandro sanz

yo estoy viviendo de prisa...conocí el amor y ahora quiero mas... chico casado con hija de tres meses me habla bonito hoy, y quedo flipando... what is my probleeemmmm!!!! hombre baterista me abraza fuerte y quede suspirando... ni que tuviera 15!!! caer por rockstars... (buff desde steven tyler q no pasaba). El hecho es que el amor te encuentra, uno no encuentra el amor...
y tras este fuerte y trascendental pensamiento, acabo de escuchar a un fantasma echarse un sapo en mi sala... cosa rara... tengo hambre, y susto... me despido...

sábado, 7 de abril de 2007

disco 2000 ('casue I wish I could write like this)

Well we were born within one hour of each other.
Our mothers said we could be sister and brother.
Your name is Deborah. Deborah. It never suited ya.
Oh they thought that when we grew up we'd get married, never split up.
We never did it although often I thought of it.
Oh Deborah do you recall.
Your house was very small with wood chip on the wall.
When I came around to call you didn't notice me at all.
I said let's all meet up in the year 2000.
Won't it be strange when we're all fully grown.
Be there at 2 o'clock by the fountain down the road.
I never knew that you'd get married.
I would be living down here on my own on that damp and lonely
Thursday years ago.
You were the first girl at school to get breasts.
Martyn said that yours were the best.
The boys all loved you but I was a mess.
I had to watch them trying to get you undressed.
We were friends but that was as far as it went.
I used to walk you home.
Sometimes it meant nothing to you cause you were so very popular.
Ah Deborah do you recall.
Your house was very small with woodchip on the wall.
When I came around to call you didn't notice me at all.
I said let's all meet up in the year 2000.
Won't it be strange when we're all fully grown.
Be there at 2 o'clock by the fountain down the road.
I never knew that you'd get married.
I would be living down here on my own on that damp and lonely
Thursday years ago.
Oh yeah, oh yeah.
And now you've paid your money and you've taken your choice.
I know we'll never meet again but I want you to know
Want you to know that I remember every single thing.
Ah do you recall.
Your house was very small with wood chip on the wall.
When I came around to call you didn't notice me at all.
I said let's all meet up in the year 2000.
Won't it be strange when we're all fully grown.
Be there at 2 o'clock by the fountain down the road.
I never knew that you'd get married.
I would be living down here on my own on that damp and lonely
Thursday years ago.
Oh what are you doing Sunday baby.
Would you like to come and meet me maybe you can even bring your baby.
Ohhh ooh ooh. Ooh ooh ooh ooh. What are you doing Sunday baby.
Would you like to come and meet me baby you can even bring your baby.
Ooh ooh oh. Ooh ooh ooh ooh. Ooh ooh ooh ooh. Oh.

'cause it don't feel like home no more

en la gran película Garden State, I cuote, las palabras de Zach Braff... desde que volví de barcelona... it just ain't the same...

"You know that point in your life when you realize the house you grew up in... isn't really your home anymore. All of a sudden, even though you have some place where you put your shit... that idea of home is gone. (and she says: "I still feel at home in my house") You'll see one day when you move out. Just sorta happens one day, and it's gone. You feel like you can never get it back. It's like you feel homesick for a place that doesn't even exist. Maybe it's like this rite of passage, you know? You won't ever have that feeling again until you create a new idea of home for yourself. You know, for... For your kids. For the family you start. It's like a cycle or something. I don't know. But I miss the idea of it, you know? Maybe that's all family really is. A group of people that miss the same imaginary place."

alba (su nombre)

Salió de su casa. Olvidó las llaves sobre su mesa de noche y las pocas cositas que guardaba para su largo viaje en el tren al desierto.
Cansada de llorar. Bajó torpemente las escaleras, sin cuidado de tropezarse. Sus ojos hinchados como dos higos apenas podían distinguir las palabras que él le dejó escritas detrás de la foto, en el sobre, que el cartero puso dentro del buzón oxidado, tres meses antes. Recitaba ya por centésima vez la nota, a veces adelantándose a lo que leía.
Alba:
Sólo trataba de seguir adelante. ¿Qué tan malo puede ser eso? Inténtalo, sobrevivirás. Es un camino peligroso, te digo, lleno de espinas. Leones, hay muchos, amarillos, con matas largas. Desiertos, largos, para caminar durante días. Muchas maneras para matarse, muchas. Pistolas, navajas, te rodean todo el camino, como invitándote a pasar a su casa. Te ofrecen pan dulce, calor, chocolate caliente. Tentador. Pero déjalo. Llegarás al final, de eso estoy seguro. Paciencia chiquita, el camino es difícil. El vacío en el pecho, será tu mejor amigo. En ése confía, es el que te indicará que pronto vas a llegar. Cuando sientas que ya no aguantas más: vas a la mitad del camino. Supéralo, supéralo. Yo también lloré. Como lagartija, aunque no sé si lloren. Dejé empapadas mis mejillas, cansado el corazón. Claro, me senté a descansar. Sobre una piedra, y esa piedra, aunque no lo creas, decía tu nombre. Y sin darme cuenta seguí caminando. No, no, no. No intentaba alejarme de ti, sólo trataba de seguir adelante. Y aquí estoy, seguro de que tú también lo lograrás. Busca a la mujer de la foto. Aquí te espero.
Sopló el viento, se levantó la tierra, latió su corazón, le creció el cabello y se acabó el cigarro.
Alba, con los pies callosos y la piel morena, iba nuevamente en el tren, entre gallinas, chavos tocando el tambor y un fuerte olor a mota. Tomó prestado un lápiz y comenzó a escribir:
Por el desierto caminé un día, el sol me pegaba duro en la espalda y en la cabeza. Eran las doce, y no encontraba mi sombra por ningún lado. Estaba sola. Alrededor habían cactus, esqueletos de animales muertos, y corazones sangrantes. No quise darles importancia. Me detuve en un oasis donde había una fuente de sodas, tomé varios refrescos de distintos sabores... Un buffet. Y como soy de glotona, me lo tragué todo, no me detuve ni a respirar. Mi panza creció, pero sólo cargaba mi propia vida. Gorda y pesada, seguí mi camino.
A cien metros, una cinta roja, colgada de palmera a palmera, indicaba mi meta. Y junto a ésta, a lo lejos, había una mujer...era yo, otra vez, como un reflejo distante, paciente y emocionada, viéndome caminar. Por la distancia y el calor notaba que mi cuerpo hacía ondulaciones. Parecía que bailaba, festejando mi llegada.
Se me adelantaban los pies, uno al otro, ansiosos de llegar. Y cuando me vi a mi misma frente a frente, como en un espejo, y aspiré mi propio aliento, me volvió la vida. Me abracé hasta que los dedos de mis manos se alcanzaron en mi espalda. Me reí con cansancio. Lo logré. Regreso a casa. Me lo dijiste, me esperarás.
Atardecía. Sentada en el asiento roto, con el viento caliente golpeándole suavemente su cara, sacó el sobre viejo y arrugado de su morral y le dijo al desconocido de junto, mostrándole la foto: “Mira... así era yo, de chavita”.

maria del sol me hizo el amor en la nieve

Sandra:

Viajar en camión es peligroso. Aunque me tenso, me preocupo, me da igual. No viajes en autobus. No es la mejor opción. Te doy un buen consejo, pero si no te interesa puedes en este momento apagar la computadora e irte. Amor, esta noche viajaré otra vez. Lejos. No me preguntes dónde, ni me preguntes cómo, no quiero recordar. Te dejo esta carta, la compu prendida. No me tienes insatisfecho, vivir a tu lado fue una felicidad. Pero al verte la cara solo recuerdo mi accidente. Con esto te lo informo, jamás volveré. Me haces sentir abandonado. Te tengo envidia. El choque del autobús, no ha sido fácil de superar, y peor de compartir, no lo puedo compartir contigo, no cuando no estuviste ahí. Lo siento. No se como explicártelo mejor. Hoy me retiro sin rencores. Bueno, se me va el tiempo. Si necesitas que te aclare algo llámame al 0177739227648 (si quieres por cobrar)...

Nos Vemos en el desierto de Wahtely

Ciao
Eugenio Vargas Nieto

Esta científicamente comprobado que soy un imbécil. Como esta carta he impreso cinco, para cinco diferentes mujeres: Eugenia (mi tocaya, duramos 7 meses), Sandra, Hortensia, Roxanna, Lucía y la hermosa María del Sol. Ella fue la primera de todas, mi inspiración, mi musa. El archivo lo salvé bajo el nombre de AMOR (así suelo llamarlas) y lo paso a las computadoras de mis mujeres, cada una en su momento adecuado.

Cuando vivía con Maria del Sol, ella tenia 19 años y yo 16. Ella era actriz y yo dibujante. Ja...Suerte la mía.

A los 7 años robé mi primera casa, y quemé la escuela. A los 14 traté de irme de mojado al otro lado, con 500 pesos en marihuana, y hartos gramos de coca en los bolsillos (si te haz quedado preocupado por mí, no paso nada, no llegue ni a Tijuana). Y así, con todo y mi record histórico de pendejadas, me quiso. No veo razón, ni logro captarlo, no proceso... pero ella si, lo entendía todo.

La diferencia de edades. A la pobrecita la chingaban harto. Pero con mucha honra levantaba mi cara y me besaba frente a todos... Caricias, gestos, dibujos feos, insultos tiernos, competencias insignificantes, burlas a cerca de nuestro futuro, de como viviríamos, entre botella y botella, pacheca y pacheca. Me daba a entender que yo no tenía qué temer, que ella no se iría a ningún lugar sin mí. Y me decía cosas, cosas como “tienes manos grandes” o “dibujas bien”. Le temblaban las rodillas, y yo, escuchaba como chocaban sus huesos, hasta lo mas profundo de mis oídos. Y para que se le fuera el miedo la besaba en el cuello, la nariz y la boca. Esos eran los momentos mas románticos. Y esos son los momentos que recuerdo. Y cuando los recuerdo, dejo a la mujer con la que estoy, la mujer en turno. Ese espacio en mi corazón, es conquistado una vez más, por un fantasma.

Una vez, viajamos juntos en autobús a Puerto Escondido. Ella se regresó antes, tenía el estreno de una obra por la que le pagarían bien, y debía que preparase. Yo, en cambio descansé en una hamaca, con una cuantas coronitas y un churro, por otras 12 horas. Esa noche subí mi mochila a la espalda y me dirigí a la estación. Estrella Blanca. Estaba tan seguro de que volvería a ver a Maria del Sol, pasara lo que pasara, que la tormenta tropical, no me preocupó. Dormí. A las dos de la mañana me despertó el grito del chofer :”Con una chingada, que paso aquí ?!” y frenó el autobús de golpe. Algunos pasajeros se salieron de sus lugares. Asustado volteé a mi izquierda y por la ventana logre distinguir en la obscuridad otro camión (que iba dirigido a la playa) totalmente volteado. Habían personas tiradas en la calle, sangrando, otras llorando. Caras moradas, niños pálidos. Un desastre. Donde jamás hubiera querido estar, estaba. Con dolor y miedo, sin conocer ni una mierda de primeros auxilios. Por lo tanto, no tuve que acercarme a ellos, así que todavía tenía una pequeña oportunidad de dejar la experiencia como algo medio soñado en mi vida, como algo no tan real. Solo deseaba regresar a mi casa, a Maria del Sol, a mi vida de antes, quería salirme de la tele...no me gustan los noticieros.

Pero cuando llegué a casa, ella estaba feliz: su viaje estuvo tranquilo, se veía hermosa, disfrazada de Revolucionaria con un rifle de cartón (que le ayude a hacer con cajetillas de Camel, pintura y diurex). Nunca antes había notado su piel tan morena, su sonrisa tan limpia. Que pasa! Grité dentro de mí con una envidia incontrolable, unas ganas de compartirle lo que me había pasado, hacerla entender que fue horrible. Pero ella no estuvo ahí. Así que cada vez que la veía recordaba esas imágenes tan horrendas y sangrientas, pensando en que yo estaba solo, y eso no se lo podía perdonar. Me fui y le deje esa carta tan estúpida que escribí a ultimo momento. Puta! Ese teléfono ni existía. Seguramente intento llamarme mil veces o hasta fue al desierto a buscarme. O, quizás supo exactamente lo que me pasaba y supo perfectamente bien que nada era cierto. Desde entonces no la he dejado de buscar. Necesito encontrarla. La dejé con mi corazón en sus manos y una carta de retrasados mentales, la abandoné y al hacerlo me abandoné. Señales de vida, necesito señales de vida.

Y pues, caminé por el mundo atascando mi corazón como un cerdo de golosinas de sexo, de mujeres que amaban sin recibir respeto alguno de mi parte, copiando y pegando una y otra vez la carta de despedida para Maria del Sol. Repartiéndola como volantes a mujeres altas, bajas, gueras, morenas, italianas y españolas, algunas mulatas. Nadie como ella.

Cumplí 18. Me llamaron a la guerra. Sí, tuve que matar a mucha gente, y sí, me volví medio loco. El desierto me dejó de gustar, la arena me atontaba, aunque los de la región eran muy amables. Nunca supe que hacia allí, disque por Bandera. Que viva la patria? No entendí ese concepto hasta que volví a casa...y si hubiera podido regresar en el tiempo evitaría tres cosas: Tomar ese camión, dejar a Maria del Sol e ir a esa estúpida guerra.

En esos momentos mi mejor amigo, al que le confiaba todos mis problemas, al que bese una vez, fue muerto en una de esas. Salimos de un arbusto y la bala le tocó a el. No. No me quede ahí para llorar...salí corriendo agradeciendo mi suerte. Me flagelaba, por ese mero instante, instante de alivio, haciéndome heridas muy graves en la espalda, en el brazo. A veces las cortadas empezaban a sangrar, mientras iba en la Micro, rumbo a casa. No cicatrizan, será porque no lo permito. Es que la vida esta cabrona, yo nunca antes había tomado una pistola. Tomado? Tomado alcohol y drogas sí, pero nunca una pistola. Tomarla a ella también. No habían problemas imposibles de solucionar. Encajábamos perfecto, sus labios y los míos. Entiendes? Como un rompecabezas.

Que pendejo fui. Quizá lo deje morir yo, quizá debí advertirle algo antes de ser disparado. Pinche guerra en la que vivo. Aunque he vuelto, aunque tenga 26, aunque ya no viva en un desierto, sigo esperándola. Sigo recordándola, y sosteniéndola, y teniéndola conmigo. Ella ahora debe tener 29. Debe estar mucho mas grande. Quizá un poco más gorda y más tetona. Su cabello lo tendrá...largo? Si, quisiera imaginarme su cabello hasta media espalada. Lindo tamaño.

Un cuate de la pura fuerza me cargo en su hombro a unas pláticas sobre la reencarnación...y poco me ayudó, porque al rato cada lápiz, insecto o animal que veía en mi casa, de pronto se convertía en una señal, una gran coincidencia o de plano a veces en ella. Cuando me encontraba dándole café al sillón, me jalaba los pelos. Pero estoy preparado. Todas las posibilidades están tomadas en cuenta. Cuando la vea...si esta hecha ratón me la llevo en el bolsillo. Si la encuentro como niño la adopto. Pero no, no creo que haya muerto, ni reencarnado en alguien o algo mas. De hecho yo la quiero vivita. Y conmigo. Pero está cabrón.

Dicen que mi apartamento empezó a apestar y que mi comportamiento volvió muy extraño. Me echaron del edificio. Que hago ahora? El conserje me guardaba cariño. A él le daba pena decírmelo, pero se lo pidió el mero mero del lugar. Entiendo. No sabía a donde llevar mis cosas, así que le prometí que volvería por ellas al día siguiente. Si, claro. Es que no debí dejarla, ni debí dejar el refri, la cama, el sillón, ella. Es que no debí dejarla. No debí dejarla. COMO PUDE HACERLO! El llanto del alma es el que más me duele y también los nudos que me tuercen el hígado, que me hacen caer y ver hacia el suelo, el suelo que ella pisó, el suelo donde ella se acostó, el suelo en el que hicimos el amor, el suelo que yo pisé, por ella. Y me desgarro la ropa, pero la ropa que no se ve, la ropa color carne que me cubre las tripas. Me entra la claustrofobia. La amo, la amo. Pero a donde volteo esta vacío, no está ella, sólo su imagen convertida en un ángel mas que camina por su vida rutinaria. La vida, que yo vivo, es una guerra. Suerte tengo de no cargar armas contra el mundo. Mala suerte tengo de cargarlas contra mí. Yo no me quiero matar. No pienso hacerlo tampoco. No puedo arriesgar las oportunidades de volverla a ver. No lo podría hacer. Porque si ella me encuentra mañana tirado en la calle, o ahogado en una tina. Se pondría triste. No le deseo pena, y menos quiero que sea por culpa mía....no habría manera de volverme a matar para castigarme por cometer tal cosa. Que confuso. Es todo muy confuso y solo quiero correr a su lado, acurrucarme bajo su brazo, que ella me diga qué hacer.

Hace poco tuve una pesadilla. De esas que piensas que son de verdad. Abrí mis ojos y estaba ahí...mi amigo. Transparente. Sucio, muerto, pero ahí, justo donde se encuentra mi maceta favorita. Justo donde ya no hay maceta. De plano tiraron mis cosas a la calle. No pasé por ellas en un mes. Si ni siquiera tenía donde ponerme yo. Bien justificado. Hablé bien. Les dije que se consiguieran un buen abogado. Hijos de Puta! Pero más borracho no pude haber estado. Me acosté en una banca, y pasaron los años. Y en una de esas pasó Maria del Sol, mientras yo dormía. Me lo dijo la Doña de las quecas. Dice que pasó junto a mi y se echó a llorar. “Igualita a como me la contastes Eugenio, igualititita.” No se quitó mi arrepentimiento. Las noches las pasaba sentado y con el ojo pelón. Un buen día la Doña me dijo que ella había dejado un teléfono, pero que entre tanta confusión, el papelito lo revolvió con sus cuentas. Ayer que fue con su compadre, el que le ayuda a administrarse...bueno, lo encontró y me lo dio. Lo tenía en mis manos. Me ardió el pecho, me dio miedo. Después de tanto. Tanto tiempo. La llamé. Me contestó una voz muy tierna, voz de una damita de 6 años de edad. Morenita como su madre, ojo claro como su padre.

Maria del Sol y su compañero Jorge no tenían problemas, ni pleitos, ni rutinas. Me dijo que a mi me tenía como un buen recuerdo.. Yo no le creo. Entonces por qué me dejó hablar, y recordar durante trecientos amaneceres y cuatro estaciones? Me invitó a quedarme unos días en su casa. “Mientras encuentras un trabajo y dónde quedarte”. Lupita, su hija, creció. Pasaron los años y terminó la primaria, tenía un novio. Chaparro, tonto, bueno para la cáscara, defensa para ser específicos. Y ahí seguía yo. Mi corazón seguía palpitando fuera de ritmo cada vez que veía a Maria del Sol. Cada vez que bajaba a desayunar con su cabello negro, amarrado en chongo, cada vez que se servía su café y besaba a su marido, cada vez que se ponía de mal humor porque llegaba tarde para dejar a su hija, cada vez que me echaba la culpa a mí. Así que comencé otra vez a dibujar y aprendí a consolarme de esa manera. María, en cambio, lloraba cada noche. Se flajelaba también, y esas heridas que yo tenia en los brazos y en la espalda las tenía ella, pero transparentes, y en el corazón.

Un atardecer, cuando la luz no es buena para manejar, cuando los faros se prenden pero no iluminan, Jorge, su compañero, la dejó. A mí, entre tantos corajes, me echó la culpa otra vez y me corrió de su casa. Una noche fuera. Nada mas. En su banqueta. No la pensaba volver a dejar...nunca. El la dejó por otra, por una mas tetona y guerita. Ja...Pobre ingenuo, si no hay en este mundo mujer mas hermosa que Maria. Maria. Maria. Una noche salió sola, la noche que dormí afuera. Y así frente a todo el vecindario dormido me quitó la ropa. Yo lloraba. Como si me doliera, pero no. Entramos a la casa e hicimos el amor hasta el amanecer. Y de ese momento no me fui jamás. La pinté, en cada cuadro que vendí y que regalé, cada cuadro que colgamos en la sala. La sala no duró mucho, pues nos fuimos a lugares del pasado. A visitar, a recordar, a reírnos de lo que fue y volver a comenzar. Que débil fui hace tantos años.

Habra sido asi?
...
...
Desperté de pronto en un barco, con la barba semicrecida y en medio del mar. El primer paso para encontrarla. Pero noté a todos los marineros muertos. Muertos de amor o de sed, no importa. Yo solo pensaba en Maria del Sol. En su hermosa cara y en aquel sueño. Ya no haría pendejadas, en cuanto la encontrara no cometería estupideces. Luego de un mes hallaron la barca, medio rota y hundida. Yo no estaba ahí. Me regresé nadando. En cuanto vi la orilla me regresé nadando. No le tuve miedo ni a los tiburones, ni a las sirenas, porque en la playa la veía a ella. A lo lejos. Y así como un espejismo de un oasis en el desierto, desapareció. Pero la busqué. Me tardé unos años. Caminé. Corrí. Por los bosques, la selva, el río. Por el mundo. Viaje al norte del planeta, tan norte que los colores se convirtieron en blancos. Pero la encontré. Sola, sin Jorge, ni Lupita. Sola en medio de una plataforma de hielo, a punto de quebrarse, a punto de caer. Sí, llegue a tiempo. De lejos la veía, de lejos me veía. Le tiré una cuerda, así como hubiera hecho un salvavidas en el mar, un yote en el desierto, hongos en el bosque, una madre a su bebé, con el cordón umbilical. La tomé y conmigo se quedó. Me hizo el amor en la nieve.
Los sacos de piel. Aquellos sacos de piel de oso nos cubrían del frío y dificultaban el proceso, el proceso de volver a la realidad para darme cuenta de que todos los años desperdiciados fueron un sueño, un sueño que soñé una noche después de dejar a Maria del Sol. Y la encontré de nuevo. La encontré de nuevo. Joven, así como yo.
Gaby}

Santiago

Cuando Sol Angel se volvió cantante le hicieron vestirse de hombre... de nuevo. Santiago de nacimiento, un buen día se dio cuenta que se sentía más identificado con las mujeres. Su cadera bailaba con las tonadas que tarareaba en su cabeza, tardaba horas arreglándose en el baño, aunque nunca quedaba satisfecho.

Santiago era muy atractivo. Alto, ojo claro, voz grave, nariz fina, delgado. Sol Angel, en cambio, era una mujer confundida, voluble, ceja poblada, espalda muy ancha, y nada de trasero. Cada vez que encontraba un hombre a su gusto, ellos se retiraban borrachos, sintiéndose decepcionados y engañados, al caerse la primera teta.

Un día, el dueño del bar que ella frecuentaba, la escuchó cantar en el baño de hombres. Los dos meaban. Él vio su pinga, escuchó su voz, vio su pinga, e inmediatamente le tomó la mano con la que Sol Angel se arreglaba su peluca dorada que cubría la mitad de su rostro masculino.

-Qué tal señorita, Jorge Manríquez, para servirle, no quise interrumpirle pero su voz es simplemente con-quis-tadora. Si usted fuera hombre, todas las muchachitas caerían a sus pies.

La pobrecita, con lo alborotada que era, comenzó a gritar, con voz de niña y a decirle que cómo se atrevía a tomarle la mano mientras hacía de la pis, que era una falta de respeto para una chica que le hicieran eso. El Sr. Manríquez se disculpo mil veces antes de que Sol Angel se tranquilizara.

Después, se sentaron en una mesita a platicar, llegaron al acuerdo de que ella, aunque cantara como hombre, podía seguir vistiéndose de mujer.

Subió nerviosa al escenario, rodeada de serpentinas metálicas, y telas de colores de mal gusto.

-“Buenas Noches, cof, cof. Mi nombre es Sol Angel. Esta canción la escribí yo misma, en una noche de soledad.”

La gente no aplaudió.

-“Salí una noche, entre la lluvia, bajo la luna-“

Su canto fue violentamente interrumpido por abucheos y un botellazo que le abrió la frente. De pronto un hombre trajeado se levanta de su asiento, se para en su mesa, tirando su bebida, y grita:

-“Deténganse, por favor, todos, deténganse.”
Todos voltearon sorpendidos. El señor subió corriendo al escenario, donde Sol Angel lloraba sentada, sosteniéndose la sangre que chorreaba de su ceja, con una servilleta mojada con hielos que le dio el Sr. Manríquez, quien acariciaba su hombro.

-“Este va a ser un super estrella...”, dijo el señor.

Le quitó su peluca, y con la servilleta empapada de sangre quitó lo que pudo del maquillaje ya chorreado de su cara.

Santiago estaba pasmado, demasiado había ocurrido, y necesitaba estar solo. Pero al notar la reacción del público al ver su verdadera cara, se detuvo, se levantó y comenzó a cantar otra vez:

-“ Salí una noche, entre la lluvia, bajo la luna...”

La gente aplaudió y se emocionó. El Sr. Fernando Zamora, lo saludó cortésmente, y le dio su tarjeta.

-“Nos vemos mañana en la mañana en mi oficina... debemos hablar.”

Santiago, no llegó.

Tres semanas después, el muchacho caminaba deprimido, con el ojo morado por las calles principales de la ciudad. En una de esas, se vio reflejado en una vitrina, parado junto a una maniquí sin brazo. Vio su cara de hombre, vio la muñeca gigante y echó a correr. No podía soportarlo más. Había un fuerte dolor que presionaba su cabeza. Perdió el equilibrio y cayó en la banqueta justo en un charco de lodo, frente a “La Clínica Selena”.

Del edificio grisáceo, con letreros de neón, salió corriendo una enfermerita que, dio la casualidad, iba pasando por la ventana, mientras pensaba en ese hombre de sus sueños que todavía no conoce y lo vio caer al suelo.

Caricia, decía el nombre en el gafete que llevaba colgado en su busto derecho. “Caricia”, alcanzó a leer Santiago al despertar. Observó su rostro borroso y volvió a perder la conciencia.

Abrió sus ojos y se encontró rodeado de camillas vacías forradas de sábanas ligeramente estampadas de flores casi indistinguibles, por su uso y antigüedad. El suave olor a dauni le recordaba a su querida abuela: que en paz descanse. Miró al techo e inmediatamente se le atravesó la cara más hermosa, de mujer, que había visto jamás.

-“Hola, soy Caricia. Bienvenido a La Clínica Selena”

Santiago, la veía con rareza, no comprendía nada, recordaba todo entre nieblas.

Esa misma noche, a pesar de las indicaciones de la enfermera, se vistió guapísima y decidió ir al bar de siempre.

Antes, pasó por una tiendita de abarrotes, se compró un paquete de chicles (por si las flais) y de salida... ¡que se topa con la Caricia esta! Y con el temperamento que tenía le dio un par de guamazos, hasta dejar a la pobre Sol Angel tirada en el suelo otra vez.


Sentadas las dos en la banqueta comenzaron a platicar sobre su vidas, su infancia, de lo que tenían en común, sus miedos e intimidades. Rieron por horas, y hasta lloraron. Sol Angel le contó a su enfermera cómo le encantaba cantar y sobre el agente que le quiso meter en el negocio y cómo él NO se dejó.

Ambas quedaron calladas por un buen rato observando el cielo estrellado, y fue entonces cuando a Caricia se le ocurrió quitarle la peluca a Santiago y besarlo apasionadamente. Se había dado cuenta de una cosa. Hombre o mujer, esa era la... persona de su vida.

Santiago estaba confundido. Se encerró en su casa por semanas, sin responder llamadas, frente a la compu escribiendo canción tras canción. Intentando desahogar todas sus angustias. Y pasado un mes, con 104 recados de la enfermera en la contestadora, tenía la letra y música de 18 canciones completitas. La mañana siguiente, no se rasuró, le quedaron los vestigios de su largo encierro marcados en su cara, se vistió con un pantalón casual y una camisa desfajada. Corrió y corrió, pasó frente al bar de siempre, frente a la tienda de abarrotes, frente a la vitrina de la maniquí manca, frente a la clínica Selena, y directito a la oficina del Sr. Fernando Zamora, agente.

Tocó la puerta de vidrio opaco, asomándose entre las letras semidespintadas color dorado. Abrió la puerta el señor, quien en cuanto lo reconoció jaló su brazo y lo sentó en el escritorio.

Mientras tanto, Caricia sufría de dolores en todo el cuerpo, el Doctor Bolaños, le decía que todo estaba bien en ella, que más bien tría el mal de amores, que buscara a ese “muchachote afortunado” y lo conquistara de una vez por todas. La pobre no sabía ni cómo decirle al doc que de muchachote no tenía nada, que más bien ¡¡¡¡¡era un marica en todo el sentido de la palabra!!!!
Con contrato firmado, Santiago salió caminando de la oficina, todo ajetreado de tanta información recibida. Lo había logrado, ya se iba a convertir en súper estrella, pero había algo que lo tenía intranquilo. Eso de tener que vestirse como hombre de nuevo, no le molestaba en lo absoluto, de hecho, ese look ya le empezaba a gustar. Era algo más, algo que tenía más que ver con... el... a... ¡¡¡mor!!!! En ese mismo momento iba pasando frente a la clínica, se detuvo frente a la ventana y comenzó a cantar, instintivamente, a ¡¡TODO PULMOOON!!

-“Salí una noche, entre la lluvia, bajo la luna.
Te vi a ti mujer, y pensé: quiero cambiar... sólo quiero cambiar
Tú no me vas a dejar, de ti no tengo nada que esconder
Seré como soy, el hombre al que tanto le temo,
Te mostraré lo mejor y lo peor de mí...
Porque te ví a ti mujer, y pensé: quiero cambiar...sólo quiero cambiar.”

Caricia corrió a la ventana, y no se fijó en que la canción ni siquiera rimaba, sino en que todos los dolores de su cuerpo desaparecían... uno por uno.

y muchos años despues...

Y muchos muchos años después...

Desperté en el barco, con la barba semicrecida y en medio del mar. Noté a todos los marineros muertos. Muertos de amor o de sed, no importa. Yo sólo pensaba en ella. En su hermosa cara y en mi sueño.
Luego de un mes hallaron la barca, medio rota y hundida. Yo no me encontraba ahí. Porque en cuanto vi la orilla me fui nadando. No le temí a los tiburones, ni a las sirenas, porque en la playa la veía a ella. A lo lejos. Y así como un espejismo de un oasis en el desierto, desapareció.
La busqué. Me tarde unos años. Caminé. Corrí. Por los bosques, la selva, el río. Por el mundo. Viajé al norte del planeta, tan norte que los colores se transformaron en blancos. Pero la encontré. Sola, en medio de una plataforma de hielo, a punto de quebrarse, a punto de caer. Sí, llegué a tiempo.
De lejos la veía, de lejos me veía. Le tiré una cuerda, así como hubiera hecho un salvavidas en el mar, un peyote en el desierto, hongos en el bosque, una madre a su bebé, con el cordón umbilical. La tomé y conmigo se quedó. Me hizo el amor en la nieve.
Los sacos de piel. Aquellos sacos de piel de oso nos cubrían del frío y dificultaban el proceso, el proceso de volver a la realidad para darme cuenta de que todos los años desperdiciados fueron un sueño, un sueño que soñé una noche después de dejarla. Y la encontré de nuevo. La encontré de nuevo. Joven, así como yo.

La Celosa (estampa)

En la acera de enfrente él habla por teléfono con una mujer newyorkina de voz sensual. Ella se encuentra de rodillas en medio de la avenida. Los celos le calcomen las venas, y se jala sus cabellos rizados, rojizos. Grita con fuerza y su boca abierta parece tener un enjambre de abejas, locas por matar. Sus rodillas sangrantes ya tienen ámpulas, a causa del pavimento hirviente. Sus lágrimas parecen estar suspendidas eternamente en el aire, congeladas a pesar del Sol que arde su espalada y hombros. El semáforo en verde la mira con desconcierto, al igual que la gente que la rodea e intenta pararla. Sólo la observo, de adentro o de afuera. No sé. Pero creo que soy yo, reflejada en un charco de gasolina.

Razzmatazz

Si hay una banda que realmente admiro... es Pulp. Con su bubble gum music, atrapa hasta a la banda mas superficial, pero si prestas atención the lyrics son crudas, fuertes, y realmente profundas y trascendentales.
a continuación:

RAZZMATAZZ...
The trouble with your brother, he's always sleeping with your mother
And I know that your sister missed her time again this month
Am I talking too fast or are you just playing dumb?
If you want I can write it down
It should matter to you but aren't you the one with your razzmatazz
and the nights on the town?
Oh-oh-oh Oh you knew it and you blew it didn't you babe?
I was lying when I asked you to stay now no-one's gonna care
If you don't call them when you said
And he's not coming round tonight to try and talk you into bed
And all those stupid little things they ain't working
No they aren't working at all oh
You started getting fatter three weeks after I left you
Now you're going with some kid looks like some bad comedian
Are you gonna go out, are you sitting at home eating boxes of Milk Tray?
Watch TV on your own, aren't you the one with your razzmatazz
and your nights on the town?
Oh-oh-oh And your father wants to help you doesn't he babe?
But your mother wants to put you away
Now no-one's gonna care if you don't call them when you said
And he's not coming round tonight to try and talk you into bed
And all those stupid little things they ain't working
Oh they aren't working at all
Oh well I saw you at the doctor's waiting for a test
You tried to look like some kind of heiress but your face is such a mess
And now you're going to a party and you're leaving on your own
Oh I'm sorry but didn't you say that things go better with a little bit of razzamatazz?
Na na nana na na na... and now no-one's gonna care if you don't call them when you said
And he's not coming round tonight to try and talk you into bed
Now it's half past ten in the evening and you wish that you were dead
'cos all those stupid little things
No they ain't working, oh they aren't working at all.

Querdia Lucesita:

Querida Lucesita:

Me tomé unos minutos de descanso, después de algunas horas de trabajo intenso. Ya tengo las manos callosas de tanto lijar la madera, es que todavía no tiene forma. Me serví un vaso de leche con chocolate en polvo y en un plato unas galletas con relleno de sabor vainilla.

Me senté en aquella silla que compramos hace algunos años en un bazar de muebles antiguos, la silla que giraba. ¿Recuerdas? Hace ya algunos meses dejó de dar vueltas. Yo creo que es porque siempre la lavabas, decías que nunca se le quitaba ese olor a polvo tan desagradable. El tubo sobre el que giraba la silla está oxidado, pero la sigo usando porque me recuerda a ti.

Cuando tallaba la madera salían formas. Ya no. Ahora solo lijo para no pensar...recordar quién soy, ni cómo estoy. Me han pedido esculturas para escaleras, de grandes hoteles. No puedo, ya no puedo. Hasta parece que te fuiste con todo: el perro, la película que veíamos todos los domingos y además, mi inspiración. Ladrona. ¿Por qué no me llevaste a mi? Es lo único que queda vivo en esta casa vacía. Te preguntarás que sucedió con los pecesitos que ganamos en la tómbola de la feria, bueno, salí un día al mercado y sin querer dejé la ventana abierta, y claro: El gato de la vecina.

Con una herramienta, arranqué un pedazo de mi obra inconclusa. Cayó en el suelo e inmediatamente noté que parecía la cuarta letra de tu nombre: Lucesita. Debería olvidarte, que esto de la soledad me esta volviendo loco: imagina, siempre te escribo, y no me atrevo a mandarte las cartas. Estan todas en una caja que guardo en mi closet. Son mil quinientas cinco (el otro día el ocio me obligó a contarlas).

Seguí lijando. Luego, algo me impulsó a ver tu foto sobre el buró. Ví tu mano salir de ella y acariciar mi cara, pero al psicólogo y a mis amigos les hice creer que fue un efecto de mi imaginación, para que no chingaran. Entonces, quise continuar con mi trabajo. ¡Ah! Aventé la estatuilla amorfa, cayó sobre la pecera vacía. ¿A quién trataba de engañar?

Sentí un ruido detrás mío. De los que siempre escuchas, de los que siempre ignoras. Pero esta vez, deseé tanto que fueras tú, que logré distinguir tu voz diciendome: "Soy Yo". Me lo has dicho seria, sin bromas, con fuerza: "Soy Yo". Por Dios que te he escuchado. Me entró un gran alivio. No podía verte, obvio. Pero clarito sentí tu respiración en mi cara y en mi oído. Se me puso la piel de gallina. Quise abrazarte pero mis manos regresaron a mí. Es que hay veces, que realmente no puedo creer que no estás aquí. Y por eso te escribo a diario.
Cuando finalizo una carta, se me detiene el corazón de golpe. "Te amo, YO", son las últimas palabaras que me hacen entrar en razón y azotar contra el suelo es lo que mas me duele. Me saca el aire y luego no me puedo levantar. Temo una cosa. Creo que se acerca mi muerte. Esto antes no me sucedía, pero ahora, la recuperación es larga, hasta que logro alcanzar la pluma y otro papel.

"Querida Lucecita", escribo.